… (Inaxio Goldaracena).

He visto un hombre
sosteniendo en su mano el corazón abierto
con aire trémulo de desafío o indiferencia.
Otro señalando con sus ojos
hacia nubes que pretenden migrar
con la añoranza de quien se despide para siempre.
He observado a unos niños en la escuela
mientras se iban haciendo mayores
y más tarde a una mujer
enarbolando el lamento de una rosa sin pétalos.
He contemplado a todos ellos
con el temor propio de las obsesiones
para que al final
todos sean el mismo tipo,
todos uno,

o quizás yo.

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