Colecturía de aduanas (Homero Pumarol) (Reseña).

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“Aquí el tiempo pasa como se le antoja a dos o tres políticos, un cura y un embajador”, nos cuenta Homero desde Santo Domingo, en la República Dominicana, desde la barra de un bar o desde ese escenario donde hay más poetas que público general.

Homero Pumarol es un poeta que desafina excepcionalmente entre los poetas de verso clásico y métrica exacta de su país, que habla del oficio y del beneficio de ser poeta, de escribir desde los rincones sombríos y penumbrosos, de los poetas que se llevan a la cama a las extranjeras, de la felicidad que entraña no ser leído o de evitar que a uno le confundan con lo que escribe.

Colecturía de aduanas nos ofrece el cotidiano punto de vista del autor a través de una arte poética, retratos llenos de vida y color, cuadros de desesperanza y hastío donde la muerte se disfraza de vecina, es otra botella de naufrago que José María Cumbreño ha rescatado del Atlántico para Ediciones Liliputienses y que Fran Báez nos presenta a su autor con estas palabras, a propósito del magnetismo de Homero después de un trágico accidente que acabó con el poeta en el hospital: no conozco a Homero, pero soy fan de su poesía, estoy aquí para donar sangre ¿A dónde tengo que ir?

Para Frank Báez lo más hermoso que puede hacer un lector por un poeta es leer sus poemas y donarle sangre.

POEM

Papá dijo
si vas a leer
tus poemas en público
y encima te van a pagar
cómprate una camisa blanca
mangas largas
y cuando termines
cobra y desaparece
procura emborracharte
lejos de quien escuche
tus versos
no vayan a creer que la poesía
tiene algo que ver contigo.

NO RESISTANCE

Cuando te ponen una Colt 45 en la cabeza
a las cuatro de la mañana en la Zona Colonia
lo primero que pierdes es la borrachera.
Ese dinero tan bien invertido
desde las siete de la noche
en el menos doloroso de los casos es cerveza,
se esfuma tan pronto el cañón frío
toca por primera vez tu sien.

Los cigarros no importan mucho,
pero molesta comprobar que todo atracador fuma
y que no te dejará ni el de la vergüenza.

Después avanzas por la calle oscura
con la insoportable sensación
de qué acabas de nacer
sin BBpin ni Blackberry,
en un mundo donde nadie te conoce
y donde tus nervios importan tan poco
como todo el efectivo que dices que tenías.

PUNTA CANA

En vano trato de escribir poemas,
me siento horas frente a una pared
y a veces garabateo algunas palabras.
Mis sueños son números rojos,
la musa se fue para Punta Caña,
mi vida pasa delante de mí como una ambulancia.
Mis vecinos jubilados me regalan cerveza
y son felices con sólo no leer mis poemas.
Cada vez que salgo en busca de imágenes
termino comprando salami en el supermercado.
Cuando regreso mi mamá está sentada en la mesa
gritando “¿Hoy no se piensa comer en esta casa?
Mi hijo, dedícate mejor a cualquier otra cosa,
donde no haga falta pensar y que te paguen dinero”.

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Una respuesta a Colecturía de aduanas (Homero Pumarol) (Reseña).

  1. Homero Pumarol (Santo Domingo, Rep. Dominicana, 1971). Ha publicado los poemarios Cuartel Babilonia (2000), Second Round (2003) y Fin de Carnaval (2007). Forma parte de la banda de spoken word El Hombrecito.
    En 2011, Ediciones De a Poco recogió en un volumen su poesía completa.

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