A cero grados ( Jara Calvo)(Reseña).

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“Y la nieve cae haciendo como que todo es inocente”.

Cero grados es la temperatura de la inocencia contenida en la niñez. Conforme crecemos sube la temperatura de nuestras pasiones: el amor, la memoria, el temor al futuro o el conocimiento de esta realidad injusta de la que se nos hace partícipes.

Entre los versos encabalgadamente sugerentes de Jara Calvo, el tiempo entreteje un telar de sueños y libertades que se enfrentan al orden establecido del deseo insatisfecho. Es posible decidir dónde, con quién y de qué manera vivir, “sin tener sed o miedo” , “de momento, esto me vale”.

Porque no hay otro presente posible y “llueve todo el tiempo”, porque el futuro es la propia escritura de los actos y omisiones, y no un hecho ajeno que nos determina, Jara nos ofrece sus versos como un alambre por donde huir esperanzadoramente hacia adelante.

En esta construcción social que alza la bandera del utilitarismo y la deshumanización, la confianza en uno mismo es la mejor manera de afrontar el viaje, “al fin y al cabo, somos nuestra familia”.

Y la nieve cae haciendo como que todo es inocente,
pero a mí me da igual porque hace demasiado calor en todas partes
y se me enciende el nervio, la sangre, la carne y el corazón llamea todo
y es una bandera que se inflama y lame rojo y metal la noche.
Días después ando entre los árboles y la nieve se ha helado
yo la rompo quebrando el cristal camino de ninguna parte y me siento culpable
porque bajo los ojos y nos veo.
Gotas de agua sola que, a cero grados, se congelan y forman nieve, forman red,
muralla, forman fuerza.
Nieve que crea caos, que hace resbalar, nieve que se comen los niños,
nieve que provoca que la gente se ría o te ofrezca su paraguas o nieve que jueguen
o nieve que es un hecho extraordinario como la muerte o una explosión.
A cero grados nacemos.

A veces, las aceras necesitan ser atravesadas por cables
que desprenden descargas eléctricas.
a otras, los cables deben ser cortados
y enterrar semillas entre el cemento para que la hierba y la lluvia
resquebrajen carreteras.
En ocasiones, nos escondemos en la oscuridad más absoluta,
pero siempre, en nuestro interior, parpadea la luz.
No estamos perdidos,
como nos quieren hacer creer, vender, estudiar, sentir.
Hay un orden universal anterior a la raza humana
a la raza de los animales acuáticos, a la raza de las estrellas.

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