Niebla fronteriza (Hasier Larretxea)(Reseña).



“[…]Que no se nos olvide invocar la cartografía del paisaje mientras murmuramos piedra, musgo, riachuelo, bosque, piquete, leña, chimenea, roble, pasto, hacha, huerta, cordero, helecho, rebaño, abarca, para recomponer así el origen de la memoria, el regazo donde se fraguaron todas las historias que conforman la vida. Todo aquello por lo que somos. Todo aquello por lo que también seremos recordados. El origen es una herida que nunca cierra”.

En la poesía uno se conoce a sí mismo. A través del ejercicio de la poesía se recupera el olvido. Se reivindica la memoria y el alma se reconcilia. También, gracias a ella, uno se presenta ante el lector. Bajo una portada donde la luz agrieta las sombras, Hasier deshace las nieblas de su infancia y nos muestra, con la auténtica bondad que le habita, una existencia trasparente. 

A partir de unos versos casi infinitos, llenos de sugerencia y humanidad, el poeta va construyendo su biografía, endulzando con este lenguaje, onírico y subjuntivo, el sentimiento de los hechos amargos, a la vez que recupera con nostalgia, pasajes donde la figura de la abuela y la madre amamantaron de oxígeno su infancia. 

La decepción en el padre, la lucha por construir una identidad diferenciada, la aceptación en un territorio fronterizo, donde libertad y tradición habitan a corta distancia, donde los idiomas se confrontan, la pérdida y el recuerdo hacia la memoria de los seres queridos conforman esta alegoría vital llena de dicotomías, sin rencores, optimista y serena.

La poesía en prosa inicial, delicada, íntima y reconciliadora de la primera parte (Niebla) se convierte en un verso pausado, amable, filosófico en la segunda parte (Fronteriza) atenuando el dolor de las heridas pretéritas y presentando un escenario reflexivo, donde el poeta toma algo de distancia sobre su propia existencia e, incluso homenajea a personas que le han influido vital o literariamente, como Juan Carlos Mestre, Miguel Sánchez-Ostiz e Izaskun Gracia.

Porque “el vacío es es otro tipo de olvido”, Hasier “escribe a través del paisaje” norteño de su biografía, de manera honesta y reconciliadora. Para preservar la memoria, para unir y evitar esa baldía “tendencia hacia la huida”.

“[…]Que no conociera alguien que supiera tanto del mundo del hacha. Que ha sido el profesor que muchos soñarían. No compartíamos el mismo sueño. Él simplemente cumplía con su deber. Sentía que debía enseñarme los secretos de ese mundo. Que hay cosas que no se olvidan. En la próxima ocasión que vuelva al pueblo cortaré un tronco. Siempre me ha sujetado para que no me cayera antes de dar el último golpe. Siempre he temido la caída.”

LA NIEBLA es frontera,

guarida del bosque.

Punto cardinal

que abriga la tierra dividida.

EL VIENTO raspa

con la insolencia de una flauta desafinada.

La helada paraliza las frecuencias 

perimetrales del pulso acompasado

al galope del desvelo

de los sueños enmarañados.

El aliento del invierno

enfría los riachuelos sanguíneos,

coagula como hojas en el charco

los pasos perennes hacia el cementerio.

Hay un momento en el que las manos

dejan de emanar cobijo, el eje de presencia.

El viento es la bufanda

de la aldea. El abrigo

que limpia las malas hierbas

enterrándolas en tierra yerma.

Es el habla que emerge 

desde los metacarpos que rasgan

el bosque enfermo,

en el interminable poso

de los latidos enfrascados en latas de conserva

que son ataúdes sin fecha

escondidos en las despensas

donde se resguardan las almas solitarias.

Los espíritus errantes.

El cobijo de la arruga.

Es la frecuencia del grito ahogado,

del sollozo del recién nacido

que no llego a tiempo a su destino prescrito

por la cuaresma.

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Una respuesta a Niebla fronteriza (Hasier Larretxea)(Reseña).

  1. Hasier Larretxea (Arraioz, valle de Baztan, 1982) ha publicado la plaquette “Bazaudete? (Metaziri, 2004) y los poemarios “Azken Bala / La última bala” (Point de Lunettes, 2008), “Atakak” (Alberdania, 2011), y su traducción al castellano “Barreras” (La Garúa, 2013). Su último libro, “Larremotzetik”(Erein, 2014) es su primera obra narrativa. Próximamente publicará su primer libro de poesía escrito íntegramente en castellano, “Niebla fronteriza”, en la editorial El Gaviero. Ha participado en diversos festivales de poesía. Forma parte del proyecto “Un póster al día” de Hazu Studio donde se encarga de la parte más literaria y conceptual de los pósters diarios. Es redactor de la revista Koult. Hace años que vive en Madrid

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