El sueño de la razón produce monstruos (Inaxio Goldaracena)(Manifiesto).



El lenguaje poético contiene la semilla de la insumisión.

Laura Giordani

La poesía es el arte del esfuerzo y de la precisión con la palabra. Sin embargo, de todas las definiciones que uno puede leer, ninguna consigue aprehender toda su significación. Quizás esta sea su virtud, una intangibilidad que huye a través de la propia palabra.

Probablemente nuestro primer contacto con este arte milenario se remonte a la época estudiantil, a nuestra edad adolescente donde se nos hizo asociar poesía con emoción, con amor, con métrica, con romanticismo, con el yo autobiográfico y otros tantos tópicos que tras décadas de fallida educación costará erradicar.

La escritura habita en nuestro planeta desde hace 3.500 años. El primer texto conocido es la epopeya de Gilgamesh. En ella se narran en verso las acciones bélicas y heroicas de la ciudad mesopotámica de Uruk. Aparecen pasajes de un erotismo censurable en épocas cercanas. Se insinúa una posible homosexualidad por parte de los personajes. Se  habla de la vida y de la muerte, del valor y de la amistad, del bien y del mal. Es el relato donde, en un encuentro trascendente, se le dice a nuestro héroe: “Los hombres nacen, viven y después mueren, ése es el orden que han decretado los dioses. Mas, hasta que llegue ese final, goza de la vida, pásala feliz, no desesperes. Saborea tu alimento, haz de cada uno de tus días un placer, que la música y la danza inunden tu hogar, ama al niño que te coge la mano y que tu esposa goce siempre de tu abrazo. Tal vez es la mejor manera que tiene un hombre de vivir.”

Desde entonces, la poesía ha atravesado cientos de encrucijadas, pero es innegable que la realidad y la escritura no pueden vivir en mundos paralelos. Así pues, nuestra experiencia, nuestro lugar en el tiempo y en el espacio donde existimos, hace que se produzca esa conexión y que muchos autores utilicemos -como animales políticos que somos-, la realidad social, la protesta, la indignación frente a los abusos y desmanes de los administradores de nuestra sociedad, como fuente de inspiración. Ya sea a través de su compromiso con la sociedad –de manera altruista o profesional-, ya sea a través de sus versos.

La palabra es una arma poderosa, muchas veces censurada o silenciada. Y la poesía, como la cultura, el arte y la educación, producen monstruos, librepensadores, conciencias que filosofan sobre la felicidad del ser humano o sobre los beneficios del conocimiento y del saber, con el único fin de hacernos mejores. En contraposición a esto, el hombre pragmático rechaza lo que no tiene una utilidad estrictamente monetaria, defendiendo aquello que “transforma al hombre en mercancía.” Este es el leit motiv de esta compilación, realizar una muestra de poetas que en nuestra tierra reivindican el pensamiento crítico, abierto y reflexivo, y que ensalzan el valor de la educación y la cultura por encima de dicho pragmatismo.

La poesía de compromiso se sitúa al borde de “la poesía del bienestar” y, utilizando sus mismos aparejos, pesca en el colérico océano de la reflexión y del pensamiento, con rigor ético y paciente esfuerzo, lejos del cálculo y de la prisa, “dejando constancia de lo que no se ve”. El poeta no se conforma con la mera observación, sino que trata de auscultar la realidad, de observarla al microscopio hasta dar visibilidad a lo nanométricamente oculto, a aquello que pasa desapercibido en un sociedad apresurada e individualista. La poesía no es sólo placebo, es también implicación frente a la indiferencia, es pensamiento frente a la ignorancia, es el humanismo de lo inútil contra el utilitarismo del capital.

Dice Gonzalo Rojas: “No es que (…) confundamos obra y compromiso. La obra es lo que es. Pero rascando los problemas del oficio llegamos a las médulas vivas del compromiso y la responsabilidad de escribir, sin caer en adhesión total alguna.”

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4 respuestas a El sueño de la razón produce monstruos (Inaxio Goldaracena)(Manifiesto).

  1. Pero ten cuidado. La poesía es un arte, porque también sirve para mentir.

    • La mentira también puede ser arte…..las hay maravillosas como Magritte o Pessoa, y aludiendo a este último, el arte y la poesia, sobre todo son una ficción de la realidad, no?

      • Sin duda estamos hablando de lo mismo.

        Sin embargo, he querido llamar a esa prudencia, porque creo que el arte puede encubrir el conocimiento, que el oficio puede enfocarse en direcciones perniciosas, que la voluntad de convencer puede sobrepasar con mucho a la autocrítica y etc y etc.

        Y aunque entiendo por tu texto que también estás hablando de ello, he echado en falta la palabra “honestidad”. Algo que, desde luego, la poesía no garantiza. Y aún en la honestidad, puede haber desconocimiento y falta de criterio. Y puede ser una falta de criterio muy convincente. Motivos de sobra para tener cuidado.

      • Tienes razón con esa honestidad’, supongo que la omití al darla por hecho. Así que en algún momento prometo reescribir el texto e incluirla.

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