Orquesta de desaparecidos (F.J.Irazoki)(Reseña).

  
Lentitud y precisión como útiles del poeta.

En las palabras de Irazoki, las lindes desaparecen: prosa y poesía crean una neblina densa en evocaciones y sugerencias; lo rural y lo urbano se encuentran de frente; el pasado describe el presente; el extranjero contempla al nuevo extranjero desde una tierra de bienvenida.

El poeta convierte la poesía en un paisaje bucólico donde la nostalgia hermana con la esperanza, en una dicotomía constante de zarzas y verdores lluviosos, aparecen personas que dejaron una cicatriz en el alma y el recuerdo del poeta como Pablo Antoñana, Ramiro Pinilla o Leopoldo María Panero.

El paisaje memorístico de la vida. Los recuerdos que dejaron familiares, amigos, artistas y personas encontradizas a la observación del poeta, como inspiración y reflexión para componer una melodía positiva y generosa.

“La poesía no es una delicadeza decorativa, sino una intensidad de la mirada que despierta la conciencia.”

Irazoki escribe un poemario gemelar a Los hombres intermitentes. 51 textos de liberadora apariencia narrativa, con esencias de la mejor poesía.

PROYECTILES

Lo llamábamos Altxafero, que significa cohete en lengua vasca, y nos comunicaba con rapidez sus gozos.

Incluso al enfadarse, el carpintero nos daba alegría. Llevaba en la ira unas vetas de humor incompatibles con la ofensa; sus bromas eran disparos al tedio de la juventud o a las certezas adultas.

En una ocasión dialogamos a solas e inesperadamente apartó las risas. Quiso hablarme del mal, un brote arborescente que él podaba y cuyas hojas y ramas vio crecer hasta cubrir algunas vidas. A ese arbusto recortado respondía con un júbilo sin dobleces. También me dijo que desconfiara de las personas de lágrima difícil.

Como si en las maderas del taller y en las herramientas de ebanista estuviesen dibujadas las variaciones de su ánimo, aquella tarde presentí una corriente de desaliento que iba de su cuerpo a las escuadras, garlopas y gubias.

La pena no pesaba más que unos granos de pólvora en el físico veloz de Alfatxero. Pero, observándolo, a su lado frene las velocidades para sentir como las diferentes partes de un mueble: fui el clavo al que le dolía la roña, la puerta que chirriaba un blues desconsolado, una astilla nerviosa.

La muerte sólo pudo suspenderlo del horizonte. Resbaló en un tejado y sigue tendido en el aire de nuestra memoria.

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