Sesenta y cinco momentos en la vida de un escritor de posdatas (Álex Chico).

 La escritura es un viaje de ida y vuelta. Leer es su acto primigenio, el desencadenante al que se regresa. Escribir, su consecuencia. La ficción de una vida. En palabras del poeta, “escribir es volver”. 

 Álex Chico se inventa a sí mismo para reflexionar sobre la creación literaria. Bajo el heterónimo de un escritor, cuya poética quedó impresa en las posdatas de las cartas que envió en vida y de otras que nunca se enviaron. A partir de un brillante preliminar que da pie a la lectura y de una cuidada estructura, el autor nos ofrece 75 notas que enfrentarán nuestro yo lector contra nuestro oficio creador. El editor lo publica con un tono amarillento, a la manera en que uno se imagina los cahiers de Paul Valéry. Como resultado, las preguntas que uno se hace hace y, demasiadas respuestas que, a veces, uno no quiere observar.

La literatura como forma de defensa, un viaje donde uno se encuentra con su huida, donde las palabras se enfrentan al silencio. Todo es escritura, cualquier acción, incluso una espera. Así, Álex Chico, poeta, narrador, profesor, crítico y redactor de Quimera, nos ofrece un abanico de apuntes, propios o apoyados en las frases de otros autores, sobre los que detenernos a reflexionar.

 Un libro audaz, que enciende una luz sobre los lugares donde escribimos o leemos (“Escribir es defenderse del lugar que habitamos”), especialmente sus ciudades (“La ciudad es un libro que conecta con otro libro”). Un libro de cabecera para cualquier escritor o artista. Un arte poética a la manera de un cahier. Un texto al que regresar, sobre el que balancearse y al que añadir nuestros apuntes. 

Un hallazgo en el océano de la celulosa.

IV

Pienso en Maurice Blanchot y me pregunto si al escribir nos hacemos legibles a los demás e indescifrables a nosotros mismos.

(En préstamo, 1997)

XXXI

En una ocasión encontré a E.P. recortando imágenes de una revista. Me dijo que, en realidad, estaba escribiendo. Dos días más tarde volví y pude verlo en su escritorio, con una máquina de escribir Olivetti. Me dijo que estaba mirando viejas fotografías.

X

Yo no escribo. Yo releo.

(Confesiones en Santa Marta, 1992)

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