El huésped esperado (Alberto Santamaría) (La Bella Varsovia).

LA EXCUSA PERFECTA

No tiene sentido explicarlo de otra manera. Los errores crecen como rumores que se extienden delicadamente detrás de las palabras. Una pregunta no es más que tu voz cambiando ligeramente de tono. Comprendí demasiado pronto tus necesidades.  Fue el día que dimos el paseo por el desguace. El sol salpicaba la luna de un viejo Mercedes Benz amarillo. (Era difícil transformar los aullidos en signos reconocibles). Coches con las aristas oxidadas, filos cortantes, maleza que nacía enroscando su memoria entre la goma quemada de los neumáticos. Piedras. Lagartijas.  Cobre. Un radiador devorado por la tierra. Caminabas observando todos aquellos coches e imaginabas todas sus vidas posibles. Una imagen está llena de rutas,  dijiste. Es el pasado que actúa sobre el presente como un viejo taladro. Una grúa atrapaba todas aquellas piezas y las convertía en pequeños cubos metálicos con un tímido gesto de desprecio. Cuando regresamos, la tarde había convertido nuestra conversación en una estúpida forma de mantener palabras en el aire.

(Ya sé que no es exactamente esto lo que me proponía contarte, pero así son las historias que carecen de historia.)

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